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Prólogo

 La conspiración de las señoras mayores es una historia de ficción dirigida a estudiantes de Educación Secundaria que tiene un triple objetivo: entretener a los lectores con un relato ameno de acción y aventuras; y que los lectores entren en contacto con las diversas tipologías textuales en el contexto lúdico literario; y por último, poner en práctica o adquirir conocimientos lingüísticos y literarios a través de esta lectura, para lo cual se incluyen diversas actividades al final de cada capítulo. La lectura, además de ser idónea para estudiantes de secundaria, es apta e idónea para lectores a partir de doce años a quienes les interesen, especialmente, las historias de aventuras y fantasía. El relato comienza cuando un grupo de estudiantes decide crear una revista que hable de la realidad de su instituto y su población, sin embargo, muy pronto, ya con su primer número, descubren que uno de los artículos ha generado un profundo malestar entre un colectivo al que jamás hubieran imag...
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Capítulo 1

 Vicente entró a la redacción ansioso, nervioso e ilusionado. El centro de operaciones era el garaje y almacén de los padres de Jordi. Allí, entre las bicicletas, las herramientas, las cajas con tomates y los botes de pintura, habían encontrado hueco para una larga tabla que hacía de escritorio, unas cuantas sillas de madera y esparto, un sofá desvencijado, dos ordenadores portátiles con conexión a Internet y una mesa redonda con folios, bolígrafos y periódicos en el centro; esa era la redacción de El filo de la navaja. Cuando Vicente entró con su sonrisa vivaracha al almacén, Saray miró a Jordi con asombro y una pizca de indignación, él arqueó las cejas, ¿qué podía hacer? —Hola, Jordi, hola, Saray. —¿Qué tal, Vicente? ¿Qué quieres? —Es que ya tengo un tema sobre el que escribir... —¿En serio? Espero que sea bueno. No me vengas con la misma historia de la última vez; ninguna de las enfermedades que haya padecido tu gato son de interés para los lectores. No escribimos para gatos, si...

Capítulo 2

 Jordi, en muchos aspectos, se consideraba un romántico, especialmente en todo lo referido a las tecnologías. Claro que le gustaban las videoconsolas, los ordenadores y sabía utilizar todo nuevo avance, gracias a ellos había sabido editar con ciertos parámetros de calidad el primer número de El filo de la navaja, sin embargo, trataba de reivindicar y utilizar conscientemente los “viejos avances”, las tecnologías obsoletas que él seguía considerando de gran utilidad. En concreto, esta vez, como tantas otras en que deseaba contar algo importante o extenso, hizo uso del teléfono. Pocos de su edad tomaban el teléfono fijo de casa y llamaban a otra casa y preguntaban: —Hola, buenas tardes, soy Jordi, ¿puede ponerse Saray? Así lo hizo él y la madre de Saray hasta se extrañó de aquel gesto tan educado. Y, algo desorientada, fue a buscar a su hija y la avisó. Jordi, mientras conversaba por teléfono con Saray, tenía delante de sí el ordenador con la pantalla partida en dos ventanas. En una ...

Capítulo 3

 Vicente vivía junto a su abuelo y su madre en la planta baja de un edificio de tres alturas. Jordi tocó al timbre, que reproducía una melodía que parecía sacada de una caja de música, y a los pocos segundos su amigo abrió la puerta. A quienes entraban por primera vez a aquella casa les sorprendía la decoración, el tipo de mobiliario, más propio de una casa de veraneo que de un hogar habitual. Los muebles eran de pino y de mimbre y la decoración castiza sorprendía incluso a los más conservadores. Pero Jordi había estado allí cientos de veces, años atrás se había escondido tras aquellos muebles, o incluso dentro de ellos, jugando al escondite o a los detectives, así que no le sorprendió la decoración en ese que sentía como uno de los espacios de su niñez, sino, precisamente, el desorden que en ella había. —¿Qué ha pasado aquí, Vicente? —Mi gato... algo muy raro le ha pasado a mi gato. Vicente le explicó que su gato, Calcetines (a quien llamaban así por tener el pelaje gris salvo en ...

Capítulo 4

 El señor Roca clavó la mirada en Jordi, se llevó la mano al mentón prominente y lo acarició. Luego abrió la boca. —Está bien, mi respuesta es: mientras yo sea director de este centro, no va a publicarse ninguna revista editada por alumnos. Y muchísimo menos una revista dirigida por ti. —Pero... ¿por qué no? —Mira, Jordi, no tengo por qué darte explicaciones, pero me sobran cinco minutos antes de ir a tomar mi café, así que te lo explicaré de una manera sencilla que puedas entender. He estado en otro centro donde sí había una revista y se pidió a los alumnos que colaboraran y se les dio cierta libertad, el primer número fue bien, pero ya en el segundo se publicó una cantidad de opiniones que suscitaron todo tipo de polémicas. Lo más suave que se publicó fue una clasificación de los alumnos más atractivos, y se censuró, se detuvo antes de llegar a imprimirse, y también una clasificación con los profesores más guapos y más feos, de los más simpáticos, etc. De ahí saqué una lección mu...

Capítulo 6

 El agente de Policía tras tomar nota de la declaración de Jordi, remiró su libreta, como si no se lo creyera. Luego miró a Jordi, suspiró. Previamente había escuchado la versión de Vicente Romaguera, y dio por hecho que, o se trataba de una broma, o Jordi estaba alucinando, tal vez presa del pánico, o de alguna sustancia sospechosa. Se frotó la coronilla, en la que no quedaba mucho pelo, tal vez a causa de ese gesto nervioso. Resopló, se puso en pie y dijo: —Escucha, Jordi... tu amigo, Vicente, ha hablado antes que tú conmigo. Me ha contado que estaba en casa y llamaron al timbre y, cuando observó por la mirilla, vio a una inofensiva viejecita mirándole, con un moño cardado para tapar las calvas, su bata azul como la que has descrito, con el bolso, con un rancio lunar peludo a modo de bigote, pero perfectamente humana, con una sonrisa normal. Que le preguntó si podía abrirle. Pero Vicente dice que la reconoció, que había escrito sobre ella un reportaje en vuestra revista y que la ...